Yo siempre he dicho que escribo para adolescentes, para ellos, sobre ellos, sobre sus problemas, inquietudes.

Pero no es del todo cierto. No escribo para todos los adolescentes.

Que quede claro.

Escribo para los adolescentes que son conscientes.

Los que escuchan, los que buscan, los que se preguntan, los que se cuestionan a sí mismos, los que cuestionan el mundo que les rodea.

¡Ya! diréis, eso no existe, los adolescentes sólo piensan en sí mismos, son egoístas, alocados, sólo piensan en divertirse, nada en el cerebro.

Cierto.

En ocasiones.

Pero no siempre.

Pienso en mi clase, mi querido 4ºA, ojos como platos, algunos, no todos, oídos atentos mientras les leo un pasaje de Fernando Savater. Aplauden al terminar. ¿Qué adulto conoces que lea a Fernando Savater, que por cierto, no es un presentador de la tele sino un filósofo?

Les leo sobre los imbéciles que, según Savater, son aquellos que necesitan de un bastón, metafóricamente hablando, para caminar. Los que no saben lo que quieren ni desean averiguarlo, o los que saben lo que quieren pero lo quieren casi sin fuerza, los que no quieren hacer nada, los que agreden a otros…

Pues yo no escribo para esos “imbéciles”. Siento ser tan clara. Pero así es.

No escribo para aquel que robó 10 euros del abrigo de un compañero la semana pasada (no sé quién es, ni quiero saberlo). No escribo para el bully que machaca al compañero, no escribo para ese grupo de niñas que le han hecho el vacío a esa otra y hacen como que no existe. No escribo para el que no quiere aprobar y procura interrumpir todo lo que puede en clase para que nadie pueda avanzar.

Todos esos están dormidos aún. Tal vez mis palabras les lleguen cuando despierten. Porque todos tenemos derecho a despertar. Todos tenemos derecho a cambiar. Y ellos también. O tal vez no. Todos tenemos derecho a ser como nos dé la gana ser, a no cambiar. Y yo tengo derecho a escribir para quien me dé la gana también. Porque para ellos no son mis palabras, no me brotan.

No escribo para los que ya lo saben todo, se sienten muy fuertes y muy capaces (y no es ironía, hay gente así, oye, qué suerte).

Escribo, en fin,  para los que, como yo, dudan, para los que se preguntan cuál es el maldito propósito de estar aquí y cuál es el sentido de todo, para los buscadores, que somos muchos.

Escribo para acompañarlos y para sentirme acompañada.

Escribo para todos esos ojos que me miran en clase.

Y voy a escribir hasta que se acaben las palabras.

-Marta Alba-