¿Sabes qué?
Que te voy a dar la enhorabuena. ¿Sabes por qué? porque estás leyendo algo que indica lo mucho que te importa tu hijo.
Y eso me encanta.
Pero dime primero ¿cuál crees qué sería ese aprendizaje que asegurara el éxito de tu hijo, el más importante que puede llevar a cabo?
Escribe en un papel las primeras cinco cosas que te vengan a la cabeza.
No, no sigas leyendo. Escribe.
POR FAVOR.

Y ahora te lanzo esta pregunta: ¿en qué lugar has puesto la confianza en sí mismo?
¿Lo has escrito en primer lugar, lo has dejado para el final o ni siquiera lo has escrito? Te voy a decir una cosa: si lo has puesto en último lugar o ni siquiera lo has incluido en tu lista puede ser por una de estas razones:
a) tu hijo ya tiene esta autoconfianza
b) tu hijo no tiene esa autoconfianza y además NO CREES que la pueda aprender, no crees que se pueda aprender
Si ya la tiene, tu preocupación va a centrarse más en cómo la utiliza, de un modo constructivo o de un modo destructivo.

Ahora bien, si te resuena la falta de confianza cuando piensas en tu hijo, en su futuro, sus logros, sus relaciones…déjame que te diga algo.

Como profesora y coach de adolescentes y tras docenas de casos con los que he trabajado hay un factor común que siempre hay que abordar: la autoconfianza en sí mismo, es decir la capacidad de generar la seguridad en uno mismo de manera que pueda ser su propio líder, sin necesidad de seguir a los demás.
Si te gustaría saber cómo ayudar a tu hijo en este aprendizaje te voy a pedir que escribas cinco problemas o dificultades a las que tu hijo está haciendo frente en el momento actual.
No-si-gas-le-yen-do.
POR FAVOR.
Escribe.
Y ahora dime si alguno de esos problemas se solucionaría o al menos mejoraría enormemente si fuera tu hijo fuera una persona con confianza en sí misma, tal vez todos.
Como soy profesora te voy seguir poniendo deberes: escribe ahora mismo tres cosas que te dé miedo que le puedan suceder a tu hijo adolescente o tres preocupaciones respecto a su vida.
Y ahora, piensa en tu hijo afrontando esas situaciones con total y absoluta confianza en sí mismo, ya sea una enfermedad, una decisión de estudios, una ruptura con su novio o novia o si va a darle una calada a ese cigarro o no.

La situación mejora mucho ¿verdad?
Si lo enfocas así te darás cuenta rápidamente de que detrás de cada problema subyace la falta de confianza.
Sólo que el verdadero problema no es ese. ¿Sabes cuál es el verdadero problema?
El problema no es la falta de confianza.
El verdadero problema es creer que la confianza es algo que no es necesario aprender, que no es necesario enseñar, o peor aún, que se aprende solo.

Imagina que hubieras esperado a que tu hijo aprendiera a leer por sí mismo. ¿Crees que hubiera adquirido la destreza por sí mismo? No ¿verdad? Pues lo cierto es que no hay ninguna diferencia entre aprender a leer, aprender a escribir, aprender a tocar el violín o aprender autoconfianza.

Llegado a este punto estarás deseando saber cuáles son los consejos que tienes que darle a tu hijo para que tenga la confianza suficiente como para ser su propio líder, tomar sus propias decisiones, cometer sus propios errores (sí, tú hijo será más capaz, más libre y también menos tuyo, pero en realidad nunca te perteneció).
Pero venga Marta ¿cuáles son esos consejos?
Pues la respuesta es…¡ninguno!
¿Acaso tú escuchabas a tus padres cuando eras adolescente? ¿A tus profesores, a tus tíos?
¡Venga ya!
Mejor no me contestes, ya me sé la respuesta.
¿Qué recuerdas de los adultos, los profesores, por ejemplo, de cuando eras niño? Casi seguro que no son los consejos. Pero lo que con toda seguridad recuerdas es cómo te hacían sentir. Aquellos que recuerdas (para bien o para mal) son los que te transmitían algo, y te hacían sentir emociones. Con algunos estabas a salvo. Con otros ardías en el inferno. Ese cielo y ese infierno que transmitían no era más que su propio ser.
Transmitimos lo que somos, no lo que decimos.
Y ahora pregúntate a ti mismo ¿le estoy transmitiendo a mi hijo cómo ser seguro de sí mismo, una habilidad que puede hasta salvarle la vida? Y si crees que exagero te invito a que le eches un vistazo a tu propia adolescencia y recuerdes lo que algunos eran capaces de hacer con tal de ser aceptados en el grupo de amigos.
Te imagino confuso ahora y preguntando “si no hay consejos, entonces ¿cómo puedo hacerlo?

Pues te diré cómo: con 100% coherencia. Es decir, siendo aquello que quieres enseñar.
Dime si alguna vez te han contado alguna historia de algún médico con sobrepeso que te diga que te pongas a dieta, y dime cómo te sonó ese consejito a risa ¿verdad?
No sé cómo el médico no se muere de vergüenza, espero que, como poco se sienta un incoherente. Al menos así me sentí yo cuando le dije a mi hijo cómo reaccionar ante las burlas de unos compañeros del colegio. Una farsante. Le daba los consejos que yo hubiera sido incapaz de aplicar. Por eso no podía transmitir lo que defendía.

Sólo aprendiendo yo misma primero pude transmitirle a mi hijo la forma de reaccionar.

Y ahora de nuevo, puede ser que estés en una de estas dos situaciones:
a) te identificas con esta inseguridad; o
b) es posible que estés ahora mismo a punto de escribirme de vuelta contándome que tú eres una persona muy segura pero que tu hijo, qué le vamos a hacer, ha salido a la pobrecita de su madre, que tiene miedo hasta de coger el autobús… Bien, entonces estás en el otro grupo, el de los felices “seguros de serie”, esos que dicen: “a-ver-si-es-pa-bi-las-deu-na-vez, si es que lo tienes todo demasiado fácil”, y achacan a la vaguería de sus hijos lo que no es más que falta de habilidad.
Si estás en este segundo grupo y tú hijo no ha absorbido tu confianza y seguridad (por los motivos que sean), tú tampoco puedes enseñarle el paso a paso. ¿Que por qué no? Porque no has tenido que aprenderlo paso a paso.

Ya sea tu caso el de una persona con poca seguridad o el de una persona que siempre ha tenido seguridad en sí misma, lo más probable es que no sepas cómo enseñar a tu hijo a tener autoconfianza.
Lo que te aseguro es que se puede aprender a tener autoconfianza. Y que se puede aprender a enseñar autoconfianza.
Hoy no quiero darte ninguna pauta, ninguna clave, nada. Ya estás haciendo un trabajo inmenso por el mero hecho de observar a tu hijo desde este otro prisma, no para culpabilizarte sino para ensancharte, engrandecerte, porque cuanto más grande seas tú y cuanto más grande sea tu visión, más grandeza podrás transmitir a tu hijo.

Pero si tú lo estás pasando mal porque ves pasarlo mal a tu hijo por su falta de seguridad y quieres saber cómo te invito a que me respondas a este post con el comentario: “¡Sí, hazme saber!”